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Triunfando en la vida

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Como vemos en la vida, nuestros padres son los que más desean nuestro triunfo. Nuestros padres siempre tienen una gran preocupación por que los hijos triunfen en la vida, el papá la mamá, así mismo en el plano universal también tenemos nuestra mamá, la mamá Veda, Veda mata. Veda mata está preocupada por nuestro verdadero triunfo, por nuestro gran triunfo, que es alcanzar la liberación, no tener que volver más por acá.

No tener que volver a la rueda del samsara, la rueda del nacimiento y la muerte. Si tú le preguntas a cualquier padre a cualquier madre y le dices, “tu hijo va a morir pero a ti no te importa, tú incluso quisieras que siga muriendo muchas veces más y que siga naciendo muchas veces más”. Seguramente van a decir: “No, me gustaría que mi hijo trascienda, que no tenga que seguir en este ciclo”.

Claro el mundo occidental ha tratado de simplificar este tema simplemente negando la reencarnación, pero eso es como cerrar los ojos ante la realidad, como la avestruz que entierra la cabeza. La reencarnación existe por mucho que la niegues. Existe la reencarnación, existen los grandes desafíos, las grandes metas para el ser humano, para el alma en general. El alma en general tiene que alcanzar la gran meta del amor divino y ese es el gran triunfo, eso es triunfar verdaderamente. Tener una vida en la cual uno puede sostenerse económicamente es algo meramente básico, completamente básico, es algo que hasta los animales consiguen hacer.

Así que lógicamente la meta del ser humano es más elevada, por ello él debe alcanzar ese estado sat cid ananda: de eternidad, de conciencia, de bienaventuranza. Por esto, lo primero que nos dice madre Veda es, “Ahora, mi querido hijo, mi querida hija, tienes que buscar aquello que es trascendental, debes salir de este plano del nacimiento y la muerte, en realidad este es el lugar de los fracasados, de los que han fracasado, de los que están volviendo una y otra vez. Los que verdaderamente triunfan ya no vuelven a nacer ,ese es el triunfo que debemos alcanzar Y para alcanzar ese triunfo debemos preocuparnos por el espíritu, debemos adentrarnos en el espíritu absolutamente.

Athato brahma jijñasa, comienza el vedanta Sutra. Con esta frase maravillosa, con estas tres palabras. Jijñasa significa “desea conocer”. Esa debe ser tu posición ahora, porque hay distintos niveles de conciencia. En el nivel de conciencia más básico, más elemental, uno solo quiere comer. En el segundo nivel de conciencia uno solo quiere permanecer, pero ya en sattva está diciendo, “no, ahora tú tienes un cuerpo humano, ahora tú tienes que conocer”.

Es decir, ya tienes que ir a lo metafísico porque conocer significa que tienes que aprender esas leyes que están moviendo este mundo. Cuál es la voluntad, cuál es la fuerza, cuáles son los motivos que mueven a este mundo. Tienes que conocer el mundo abstracto, tienes que acercarte a lo que no se ve con el ojo carnal pero sí se ve con el ojo del conocimiento, con el ojo del intelecto. Debemos despertar nuestra visión interior, así como se habla del tercer ojo que te permite ver el aura y algunas otras cosas.

Pero esta es una visión superior a la del tercer ojo, porque con la visión del intelecto tú vas a ver las leyes de Dios, las leyes universales, la ley del bien universal. Verás el plano universal, de qué manera puedes servir, colaborar, no solamente se trata de que tú seas feliz, de que tú tenga paz, se trata de que también se lo transmitas a los demás. Eso está en tu poder, en tu capacidad. No solamente tú puedes ser feliz, sino que también puedes hacer felices a los demás, por ahí va el camino del triunfo. El que verdaderamente triunfa es el amigo de todos, es una amigo, es un padre, es una madre, es un bienhechor. El ser humano, hombre o mujer, puede ser una persona maravillosa, tiene que ser una persona maravillosa, eso es triunfar.

Triunfar significa tener un gran corazón, ser un gran amigo o una gran amiga, un gran hermano, una gran hermana, es tener sabiduría y dar sabiduría, apoyar a los demás. Si tú apoyas a los demás vas a ser apoyado, si amas a los demás, vas a ser amado. Así el triunfo también está relacionado con el triunfo de los demás. No solamente yo debo triunfar, todos deberíamos triunfar. Ese sería el verdadero triunfo de la persona que ama. La persona que ama no se contenta con su propio triunfo y si triunfa no se vuelve orgullosa, no se cree superior a los demás. Si triunfa se va a lamentar por qué los demás no triunfaron, por qué solo yo, o por qué sólo yo fui llamado a triunfar. No, yo quiero que todos triunfen. Todos debemos triunfar. Ese debe ser nuestro éxito como raza humana. Así como uno se puede identificar con un país, por ejemplo, cuando hay un partido de futbol uno quiere que su país gane, hay una identificación con su país, también puede haber una identificación con toda la raza humana. Del mismo modo las personas santas quisieran que toda la raza humana se eleve, que toda la raza humana triunfe, que toda la raza humana trascienda.

La persona santa, el sabio, no está solamente preocupado por su triunfo. Su triunfo lo tiene prácticamente garantizado, porque está contando con toda la gracia del Señor Supremo. La persona santa siente yo estoy bien, yo me siento bendecido, me siento protegido, mis dudas existenciales están resueltas, siento que estoy en el camino, siento que estoy siendo bendecido, siento la protección, pero yo quisiera darle esto a los demás también, así que por un lado triunfar es conocerse a sí mismo, saber que soy un alma, alcanzar el estado sat-cid-ananda, de eternidad de conocimiento y de bienaventuranza.

¿Cómo se alcanza ese triunfo?, acercándose a los que ya lo lograron. Y como dice Krishna en el Bhagavad Gita: “Tú tienes que acercarte a un tattva-darshin, a una persona que ha visto la Verdad. A una persona que ha alcanzado el triunfo, al que está triunfando, al que está avanzando, que puede distinguir entre lo verdadero y lo falso. A esos triunfadores debemos acercarnos. Ellos están muy determinados en alcanzar la perfección, en triunfar. Ellos no se contentan con las imperfecciones, ellos quieren la perfección del espíritu, la perfección del amor, la perfección de la pureza. Ellos no buscan algún tipo de perfección material, de perfección mundana, no les interesa. Ellos buscan la perfección en el sentido que quieren agradar perfectamente al Supremo. Ese tipo de deseo, de inclinación, eso es el triunfo. Cuando Dios se vuelve lo más importante en nuestra vida, ese es nuestro triunfo. Cuando queremos dar este Dios, este conocimiento a los demás, ahí estamos triunfando.

El triunfo es un bien universal. El verdadero triunfador bendice a todos los demás. Y así el Señor Chaitanya viene con el movimiento de sankirtana. Sankirtana significa que todos canten, que todos canten el nombre de Hari, el nombre de Krishna, para que todos triunfen. Ese es el maravilloso llamado de este proceso espiritual. Este proceso no te está pidiendo que te retires y que busques tu liberación, tu perfección para ti solo, al contrario, este movimiento está pidiendo que todos participen, que todos se beneficien, que todos triunfen.

Srila prabhupada dijo: mientras haya una sola persona sufriendo en este mundo, el vaisnava, el devoto no estará satisfecho. Así, de esa manera, el triunfo es algo maravilloso. Triunfar no significa triunfar sobre los demás, triunfar es triunfar sobre uno mismo, sobre sus propias imperfecciones, sobre nuestros propios defectos. Debemos triunfar sobre nuestras depresiones, desánimos. Debemos triunfar sobre nuestros rencores, sobre nuestras iras. Debemos triunfar sobre nuestra insensibilidad y cuando seamos verdaderos triunfadores, ahí vamos a ser personas bondadosas, generosas, que todo el mundo se va a alegrar con nuestro triunfo. Porque mediante ese triunfo, gracias a ese triunfo, todos serán favorecidos. Es como una persona que se vuelve un gran médico, mientras más gran médico, mejor.

Entonces, así, de la misma manera, este triunfo tiene que ser en beneficio de todos. Si el triunfo es solo para mi beneficio es un triunfo errado. Si mi triunfo está basado en la explotación, en el sufrimiento de los demás, en el abuso de los demás, eso no es triunfo, ahí me estoy solamente engañando, solo estoy preparando mi futura miseria. En el verdadero triunfo todos se están beneficiando simultáneamente, porque si tú avanzas hacia el triunfo es una bendición para todos, incluso para los que no quieren participar. No importa, de una u otra manera ellos también se benefician. Cuando tú haces verdaderamente el bien, el bien es muy poderoso y eso bendice a todos. Así son las cosas, todo está relacionado, todo está interrelacionado y así todo puede ser favorecido o todo puede ser maldecido. El mal también tiene su gran poder. Por supuesto, el poder del bien es superior a nosotros, por lo que cuando hacemos el bien estamos haciendo mucho bien. Por ello, aunque puedas hacer un poquito de bien, hazlo, porque en realidad eso se multiplica.

Si hoy puedes hacer un poquito de bien mañana vas a poder hacer un poco más y así uno va a ir creciendo y se volverá un verdadero triunfador. Jesucristo dijo “sé bueno como mi padre es bueno”, eso es ser triunfador. Triunfador no significa que tengo que tener mucho dinero o mucho conocimiento, o mucha influencia, mucha fama. Triunfar significa ser muy bueno de corazón, ser un pan de Dios, como se dice. Que seas una alegría, una bendición para todos.

Esa bondad naturalmente te lleva hacia arriba, hacia el mundo de los buenos, hacia el mundo de la trascendencia. Te lleva hacia el Supremo. Mientras más bueno es uno, más místicamente es llevado donde los buenos. Si uno se empieza a volver malo, también, como místicamente es llevado más y más abajo. Son cosas que podemos percibir con nuestros ojos. Eso es así.

Entonces, el gran triunfo, el verdadero triunfo, es el triunfo espiritual y se alcanza mediante la práctica espiritual. Se alcanza por purificar el corazón y uno purifica su corazón por mantenerse en la compañía de personas que están dedicadas a lo mismo. A cantar los santos nombres, a servir al Supremo. De esa manera uno va purificando su corazón por conectarse lo menos posible con las cosas de este mundo, con la televisión, con ese tipo de cosas que degradan nuestra conciencia, ensucian nuestra conciencia. Este es el triunfo. El triunfo del alma pura. Del alma alegre, bella, que se está conectando con el Supremo. Hare Krishna. Muchas gracias.

Srila Atulananda Acarya

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