Poemas

Los Bellos Pasatiempos de Krishna

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EL ADVENIMIENTO DE KRSNA

El mundo estuvo una vez agobiado,
Por la excesiva fuerza defensiva,
De reyes abusivos, despiadados,
Que mantenían la tierra oprimida.

No cumplían su deber de protectores,
Y a sus súbditos sin paz, reprimidos,
Les alzaban impuestos, les exigían honores,
Sin seguir religión, ni principios divinos.

Como vaca, Bhumi, la madre tierra,
Fue donde Brahma a contar su dolor;
Con tanto llanto relató su pena,
Que invocó la compasión del Señor.

Brahma fue donde Vishnu a informar de esto,
Al océano de leche y desde allí,
Con los devas oró al Señor de lejos,
A Quien la salvara como un jabalí.

(Svetadvipa es el planeta de Vishnu,
Rodeado por el océano de leche;
Purusha-sukta se llaman los himnos,
Con que los devas elevan sus preces.)

Al parecer al orar no hubo respuesta,
—Sólo en el corazón de Brahma en trance—
Así es como el sruti se manifiesta,
Pues es con Brahma, que el parampara nace.

La respuesta en su corazón decía:
“Pronto Dios aparecerá en la tierra,
Nazcan allí, devas, para ese día,
En que podrán servirle sin reserva.

“Junto con maya, Su energía externa,
Y con Ananta que todo lo sostiene,
Vendrá la eterna Persona Suprema,
Que guarda a los bhaktas y el dharma perenne.”

Tras apaciguar con dulces palabras
A los semidioses y a madre tierra,
El padre de los prajapatis, Brahma,
Volvió a su morada en la más alta esfera.

Mientras tanto en la tierra,
El jefe de los Yadu, Surasena,
—Rey de Surasena y Mathura—
Acompañaba a su hijo Vasudeva,
Quien esposaba a Devaki con fortuna;
Los bellos novios iban en la cuadriga,
De la cual Kamsa era el auriga.

Felices iban Devaki y Vasudeva,
Dio gran dote Devaka, el padre de ella:
Cuatrocientos elefantes enjoyados,
Mil ochocientas cuadrigas ligeras,
Quince mil veloces caballos,
Y doscientas hermosas doncellas.

Vibraron al pasar en la regia carroza:
Caracolas, clarines y tambores;
Cruzaba así la pareja graciosa,
Entre música feliz y propicios clamores.

Mas una voz en el cielo, de improviso,
Advirtió a Kamsa : “¡Cuidado, oh, necio!,
LLevas a tu hermana, mas serás muerto,
En manos de su octavo hijo…”

Kamsa, vástago de Ugrasena, rey de Bhoja,
Quiso matarla de inmediato con su espada,
La arrojó al suelo, del pelo, sin demora:
Sin deparar en su dolor, ni en sus lágrimas.

Ante el terrible acto, hábil intervino Vasudeva:
“Mi querido cuñado, rey valiente,
¿Cómo la ira te posee de tal manera,
Que a tu hermana pretendes darle muerte?

“Así a una pobre mujer indefensa,
Quieres matar en el día de su boda,
Con la muerte naces, ¿No te das cuenta?
Al actuar así, ¡perderás tu honra!

“Morimos a cada segundo, ¿De qué temes?
Como adelantas un pie al caminar
Y cuando en lugar seguro lo tienes
Levantas el otro, así el alma va,
A un cuerpo que nace, de uno que muere.

“Así como al soñar nuevas formas aceptas,
Y olvidas tu cuerpo en el sueño absorto,
—Y el de tu sueño, cuando bien despiertas—
Así la mente crea cuerpos a su antojo,
De acuerdo al deseo de goce que sustenta.

“Como el sol, la luna, o las estrellas,
Se reflejan en el agua, aceite o ghí
Y se mueven en el reflejo, mas no ellas,
No altera al alma su reflejo aquí…”

Éstas y otras instrucciones le daba,
Pero Kamsa no podía aceptar,
Por tanto demonio con que andaba,
Nada entendía de lo espiritual.

Los ateos están cerrados
A recibir el buen consejo,
Mas los santos por el contrario,
Los aceptan con gran festejo.

Pensó entonces en salvar a su esposa,
Por su descendencia más tarde ya vería:
“No temas, Kamsa, de ella, ni una cosa,
De sus hijos habló la profesía.

“No han nacido ellos, ¡y quizás ni tenga!,
Por ahora no corres ningún peligro,
Si los hay dispón de ellos cual convenga
Les traeré ante ti, en verdad te digo…”

Kamsa quedó por fin convencido,
Y decidió perdonar a su hermana,
Y apenas nació el primer niño,
Vasudeva cumplió con su palabra.

Con dolor le llevó ante el muy malvado,
Quien le dijo con tono compasivo:
“Llévale, no es de él, sino del octavo,
Del que debo estar bien prevenido.”

Vemos que un santo cumple su deber,
Por doloroso o difícil que sea,
Mas el que peca y carece de fe,
Sólo hace lo que le gusta o desea.

Volvió a casa Vasudeva complacido,
Pero sin sentir completa confianza;
No controlaba Kamsa sus sentidos,
Sus palabras eran vaga esperanza.

Fue entonces cuando Narada un día,
Se acercó al rey para alertarlo,
Ansiando que pronto viniese Krsna,
Le aconsejó que tuviese cuidado:

“Tus parientes los Vrisnis y los Yadu,
Los gopas de Vrindavan, el rey Nanda,
Las gopis, Vasudeva, ya preparados,
Esperan el descenso de Madhava.

“Cúidate de bienhechores y amigos,
¡Rodeado estás por devas disfrazados!”
Kamsa pensó inquieto, intranquilo:
“Vishnu vendrá, ¡los dioses ya han bajado!”

Arrestó a Devaki y a Vasudeva,
Y les sujetó con cadenas en la prisión,
Uno a uno seis hijos, nacidos apenas,
Les mató temiendo que fuesen el Señor.

Kamsa supo por Narada,
Que fue Kalanemi en su vida pasada,
Y que por Vishnu fue muerto esa vez,
Y ahora lo mismo le podría suceder.

Encarceló a su padre Ugrasena,
Rey de los Yadu, de Andhaka y Bhoja,
Y ocupó el reino de Surasena;
Kamsa fue así rey de toda la zona.

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