Palabras de Atulananda Swami

El falso amor y el verdadero amor

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f3Esta es la sinopsis del falso amor que se hace entre personas y cosas por un gozo personal. Nuestro gozo personal individual conduce a la desgracia general de uno. Dios es infinito y grandioso. Su gozo personal trae buena fortuna a todos, como la raíz regada de un árbol beneficia a todo el árbol.

La realidad nos muestra que no da verdaderos frutos de felicidad, de sabiduría y de más amor. Este amor que es lujuria es básicamente individual y egoísta. No puede crecer y abrazar a otros seres. Se basa en la desconfianza y la envidia. Esta lujuria no es amor, aunque así la llamen los mundanos que siempre lo vician todo. Esta lujuria es la explotación sensual de un ser con otro, por imposición o acuerdo mutuo.

Esta lujuria que no es el verdadero amor, se define como el deseo de disfrutar separadamente de Dios. El sentimiento de afecto que todos naturalmente tenemos hacia nuestros parientes, conciudadanos, amigos, etc. son distintos aspectos de apego mundano. Esa relación afectuosa no tiene raíces más hondas que la percepción sensorial y mental, pero los sabios que han realizado el verdadero amor nos dicen que este no se descubre con los sentidos ni con la mente.

El apego al que llamamos amor no es más que una forma de inclinación natural hacia el pecado. Se nos dice: “Ama a Dios por sobre todas las cosas…”, pero, estos apegos “naturales” nos muestran que nuestro interés principal está en disfrutar de las relaciones separadas de Dios, pues a El tratamos de quitarlo de en medio.

Los hombres se han unido y se relacionan entre sí, se apegan unos a otros en la esperanza de disfrutarse y se alejan de Dios acercándose en distintos grados al pecado.Estos apegos naturales que unen a los padres con sus hijos, a los esposos, a los compatriotas, etc. son el arreglo de maya. Es la naturaleza misma, o la psicología o mentalidad natural de este mundo fugaz e ilusorio. Sin esos apegos mezquinos y egoístas no podría subsistir el mundo material de la explotación y el desamor.

Sin este apego natural y condenatorio nadie permanecería atado al dolor de su propia vida motivada por su goce personal. Esto es algo deslumbrante y espantoso. Todos los poetas y cantores cantan de su amor. Y en verdad solo hablan de lo contrario del amor. Los que glorifican ese amor son por lo general degradados moralmente.

Los que conocen el amor por Dios son puros, virtuosos y sabios. El amor de ellos da alivio a través de los siglos, y nunca lo ha hecho un poema o canción que no toca lo divino.
Entonces tenemos que el falso amor es lujuria. En él no hay participación de lo divino. Es egoísta, ciego, y explotador, y como no conduce a los frutos del verdadero amor, causa frustración, ignorancia y dolor, y persiste por el apego o el hábito por el pecado.

Ahora, el verdadero amor consiste en dar. Dijimos que nuestra posición constitucional es la de sirviente. Podemos servir o servirnos. Uno es amor, lo otro es explotación y abuso. El servicio más elevado es el amoroso, porque en el servir amoroso se une el deseo de servir con el deseo de entregar, lo que constituye la base del verdadero amor.

¡Hermano!, si lo que tú quieres darle a una persona, no quieres dárselo a todas, entonces eso no es amor, esa es tu esperanza de disfrutar por darle algo a quien te conviene. Esa es una mentalidad comercial y no amorosa. ¡Madre! Si lo que haces por tu hijo no puedes hacerlo por todos los demás niños, entonces, eso que tienes por tu hijo no es amor, es solo el trabajo que haces por el apego natural, para mantener el egoísmo del mundo.

Por eso los Vedas le enseñan a los brahmanas la ecuanimidad. Ellos deben iluminar a todos con el verdadero amor. Ganar verdadero amor es una gran lucha contra nuestro egoísmo. Los apegos naturales pueden volverse semillas del verdadero amor cuando dejando de ser un apego ciego pasan a volverse un deber védico ocupacional.

En la mente del que busca el amor verdadero desaparece el afán por el beneficio personal. El sabe o intuye que un amor más grande puede traer felicidad a todos por igual. En el verdadero amor una persona libre de interés personal da iluminación y comprensión espiritual para que gane a Dios. En el verdadero amor prevalece en forma fundamental la preocupación por el bien absoluto donde todos son bendecidos, amigos y enemigos. Pero en este mundo de falso amor cada uno ha asegurado su objeto de placer lujurioso y mira con recelo o deseo perverso a los demás.

El verdadero amor es lo más puro, lo más bello y más grande. No nacemos con este amor despierto de por sí en el corazón. No nos engañemos más. El verdadero amor se gana con el trabajo de la caridad espiritual, donde uno se empeña sinceramente en que todas las almas hermanas reciban el dulce beneficio de la luz espiritual.

Entonces el amor verdadero es dar y darse. Este dar significa servir, y servir significa complacer a Krishna. Si alguien o algo no complace a Krishna, entonces no sirve para nada, y si no sirve para nada no tiene razón de existir. Decimos que algo sirve si en algo nos beneficia. En el sentido absoluto algo sirve si beneficia o complace a Dios. Este es un concepto absoluto y el más elevado. Visto al revés podemos decir que, servir, significa dar y que dar es verdadero amor, y en base a esto podemos concluir que el servir, el dar, y el verdadero amor se conjugan y armonizan en forma completa para conferir una razón positiva y gozosa a toda vida. Luchemos por tener una gota tan solo de este verdadero amor. Los santos dicen que es tan satisfactorio que una gota podría ahogar al mundo.

Porque amarse y amar significa buscar el mayor bien para sí mismo y los demás, y porque el mayor bien de todos es tener a Dios, no podemos hablar de amor sin tenerlo a El en el centro. En el verdadero amor, el Señor es lo que se trata de ganar y de dar, de tener y de servir. Todo lo bueno de este mundo viene de Dios. Todo lo bueno que quieras darle a un ser querido tendrá que venir de Dios también.

Amor es dar algo bueno, dar a Dios. Es sacrificarse por el propio bien y por el bien de los demás. Amor no es la búsqueda ansiosa de disfrutar con otro. La felicidad que nace del sacrificio divino donde luchamos por crear conciencia de Dios, es una felicidad sana, creciente, positiva y eterna. Es el umbral y la vida del verdadero amor.

Si aceptamos que Dios es amor, la práctica del amor tiene que llevarnos donde El. No podría dar como resultado esta sociedad hedonista y atea. Vida sin Dios, sin conciencia trascendental, es la vida de los locos que desconocen las realidades fundamentales. Todo se vuelve un caos enorme. Un loco considera alimento su excremento, y una persona llama amor a la lujuria. Pero por el resultado práctico se puede ver el gran error.

Sólo los Vaisnavas, los que tienen amor por Dios, pueden sembrar este amor puro por todo el mundo y crear una situación de perfecta dicha y armonía. La felicidad del verdadero amor no consiste sólo en un sentimiento de gozo, sino que se apoya en una profunda comprensión de la verdad. Por ello este amor no puede ser obstruido por las contrariedades de este mundo, y atiende a las más íntimas fibras de nuestro ser. El amor ha sido la ciencia eterna del bhakti y sus múltiples maestros nos han dado clara guía para llevarnos donde él.