Poemas

Kana Kana Srimad Bhagavatamah Vijaya

0 71

bhagaTe saludamos, ¡Bhagvatam! se te saluda,
Con reverencia del corazón nacida,
Rompe el hechizo de la arraigada duda,
¡Oh, sol que alumbras la oscura era de riña!

Explicación del excelente gayatri,
En el corazón del creador te anidas,
Te alaba el sabio, cuando la aurora nace,
Y de ti aprende la Verdad divina.

Cantamos tu nombre, te saludamos,
Para iniciar con fortuna un nuevo día,
El kavi primogénio, tras tu dictado,
Inicia el mundo que a ti se destina.

Rechazando lo falso, mundano y externo,
Espada que por la verdad te afilas,
Los sadhus exclaman:”¡Qué bueno, qué bueno!
¡Al fin el néctar que el sabio Suka liba!”

Remedio de Kali que al alma alivia,
Y sólo te inquieta su buena fortuna,
En nueve cantos te elevas a Krishna,
Y en el décimo expandes Su clara luna.

¡Te adoramos,¡reverencias!¡te servimos!
Tu discurso reúne a los sabios por miles,
Toma nuestras almas y siendo benigno,
Danos al sacrificio que nos redime.

Sácanos de la explotación y renuncia,
Elévanos a tu supremo dominio,
A ese bhakti puro que bien refugia,
Al alma que teme el renacer continuo.

Sobre la creación y manutención,
La protección a los devotos, la inventiva,
La ley de Manu, la destrucción,
Mukti y asraya, tu cantar ilumina.

Reuniste a los sabios en Naimisaranya,
El hermoso bosque que el centro ocupa,
El dolor que Kali anuncia fue su alarma,
E inquietos interrogaron al gran Suta.

La gracia del bhakti salió de sus labios,
Cual fresco manantial lleno de esperanza:
“Sirvan Vasudev, sin egoísmo, reparos,
Tendrán sabiduría y sabia templanza…”

¡Oh, poema! ¡Oh, canto que al alma eleva!
De tamas y rajas tu música arranca,
Y en juvenil renacer a vida nueva,
De amorosa entrega, tu ciencia nos alza.

Por ello te escuchamos,¡Mil reverencias!
A ti quien das el más grande regalo:
A Sri Krishna irrevocable en uno asientas,
¿Para qué otra escritura?, ¡te veneramos!

Una y otra vez te escuchamos ¡repítete!
En dar el discurso de Suka y Suta,
De Vidura, Kapila, Narada Risi…
De esos mahantas cuyo néctar inculcas.

De Rishavadeva, del santo Prahlada,
De Shiva, Prithu, Brahma, los devas,
De varios Avataras, del mismo Yama,
Que al prema indican como esencia del Veda.

Cada historia con amoroso celo,
Destruye las dudas y a Krsna encamina,
Dejando atrás lo mundano, lo externo,
Para entregarnos Su melifluo lila.

¡Qué bueno que existes! ¡qué bueno! ¡qué bueno!
¡Logro supremo de la pluma de Vyasa!
Limpiando el espejo corres nuestros velos,
Y nos das océanos del más dulce rasa.

En cada estrofa sigilosa asoma,
Del Flautista Supremo Su quinta nota,
Y al décimo canto refulgente corona,
¡El supremo amor de la más virtuosa!

¡Cuánto superas la nada de Buda!
¡La luz silenciosa del monista Shankar!
Infernal la encuentra a quienes alumbra,
El bello Vrindaban que excelente ensalzas.

Al Supremo describes, ¡oh, joya suprema!
Su juego divino con gopis y gopas,
Al alma sedienta la sacias, la llenas,
Con el prema puro de tus Uttamashlokas.

Con canto, con rima a Parikshit liberas,
Como a cada alma que a tu audición acude,
Pues todo temor, ignorancia, miseria,
¡La muerte misma! tu presencia rehuye.

¡Oh, el más generoso te alaban los sabios,
y la fortuna del universo aumenta,
Quienes en recitarte ocupan sus labios,
Y fuera de ti no hallan arte ni ciencia.

Das el sambandha, abhideya, prayojana,
—Las tres etapas que a la perfección llevan—
El Shravan, el Kirtan, entregas cual joyas,
El Visnu Smaran, las glorias del Seva…

Osado entras en el dominio supremo,
Donde juega informal el más alto achintya,
Las ciencias y artes en ti alcanzan de lleno,
El más puro amor que al yugal se dedica.

¡Oh, rey de los sastras! ¡Medio de conquista!
Los rishis en ti conjugan su sakti, ¡Oh, padre!
¡Oh, madre! ¡Abuelo!, quien te recita;
Los males de Kali… destruye… deshace.

Acepta clemente estos versos cual flores,
¡Oh, fruto maduro que a Shuka embriaga!
Que Haritoshanam, las glorias del Nombre,
Y el sublima katha en tu seno amparas.

¡Oh, libro divino! ¡Conquista! ¡Conquista!
Entra de lleno en el hueco del alma,
Gloria inmaculada, riqueza infinita,
¡Que en auxilio aliviaste al mismo Gouranga!

A tus pies nos sentamos reunidos a oírte,
Mendigos somos de tu gracioso néctar,
Danos pureza, el honor de servirte,
Al sacrificio sublime abre tus puertas.

¡Oh, Rasa supremo! ¿Hasta cuándo ignorante,
el hombre sin rumbo perderá su vida?
Dale tu riqueza, tus glorias expande,
Descubre al mundo el lila de Radha y Krishna.

¡Oh, Prabhupada! Lo entregaste triunfante,
ofreciendo tu añjali a cada palabra,
Con amor cada día sus glorias cantaste,
Y así en dar caridad pocos te igualan.

Venimos a ti ¡Oh, Bhagavatam! Por bien quita,
Toda impureza que a nuestro ser mancha,
Ya anuncia tu esplendor el Bhagavad Gita,
Y así es nuestro deber clamar por tu gracia.

Que la dulce música de tu kirtan,
Llene de éxtasis al corazón hambriento,
Que va por la vida, mas no glorifica,
Tu fruto esencial verdadero alimento.

¡Oh, devotos! Con plena esperanza ahora,
atiendan al magno mensaje de Shuka,
Ni devas ni Shesha hallan fin a sus glorias,
¡Dichosa el alma que con fe lo escucha!

Mil veces ofreciendo reverencias,
Llenos de alegría damos las gracias,
A esos santos que guardando clemencia,
Se unen gloriosos al benévolo Vyasa.

Sólo al complacer al devoto puro,
Se expande tu esencia y descubre tu gloria,
Mas en el altivo a quien cubre el orgullo,
Ninguna atracción por tu dádiva asoma.

Tomando así el polvo de los pies de aquellos,
Que a ti nos llevan ¡Oh, Shrimad Bhagavatam!
Te reverenciamos ¡de nuevo! ¡de nuevo!
Y ansiando tu gracia te imploramos ¡canta!